Internada en tu mirada deje que mi perfil se deslizara por tu boca.
Tu constante sequedad de amor se dilató por entre mis pupilas, y te bañé
con mi amargo néctar el cuerpo entero.
Enceguecido de pasiones hambrientas apenas notaste la diferencia y te dejaste
llevar por la sensación .
Mi silencio te provocó al instante el deseo de una palabra, de una frase,
pero apenas supe como seguir, creo que en realidad enmudecí por completo,
aunque mis manos hablaban por mi, mi piel sudaba el amor que renacía después
del milagro del tiempo.
El aire que nos envolvía se tornaba azul, suave, como pétalos de rosas incipientes,
dulce, como jazmines empapados de agua fresca.
Y vos...y yo...
Yo seguía así, internada en mi silencio, esperando una mirada tuya, esa que me envuelve y me hace renacer en cada movimiento, esa que me emociona, que provoca el grito eterno de mis poros sedientos, esa que estimula mi dolor y quiebra mi adentro, esa mirada que aún me enamora, esa...esa que todavía y ahora en este instante retengo en mi alma para que no me abandone, para que no se aparte, para que permanezca.
Porque mi piel sin tu luz no brilla ni vive.
Y mi garganta sin tu respiración no canta ni vive.
Buenos Aires 98
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lunes, 16 de noviembre de 2009
jueves, 15 de octubre de 2009
Serenata Oculta
Caminaba sola, por entre piedras grisáceas y tornasoladas
con un cielo casi inexistente, escondido tras el viento
y masas de nubes densas.
Caía mis recuerdos hacia ese verano, mágico y natural.
Mi pelo bailaba al ritmo que bailan las hojas de los árboles... toda una
ceremonia.
Alguna pregunta podía cruzarse por mi cabeza, ¿verdad?
Nuevamente un recuerdo cristalino apabullaba mi mente.
Su imagen se tornaba más pura, como una fotografía de ocasión.
Demasiado viento para sobrevivir.
Demasiada memoria para resistir.
El sol se asoma y me sonríe, juega con mi alegría.
Se esconde. Vuelve a salir.
Se encierra...se olvida de mí.
¿Qué pasa con mi sable que ya no brilla?
Mi mente quiere anularse, quiere evadir la tristeza.
Mi boca se pierde en una vieja sensación húmeda de beso.
Mis ojos, no pueden ver más allá de mí.
Mi piel se seca...
Mi corazón enmudece.
Mi cuerpo clama por una caricia.
Independientemente… mis sueños viven gracias a tu recuerdo.
Silvia Gers, enero del '90
con un cielo casi inexistente, escondido tras el viento
y masas de nubes densas.
Caía mis recuerdos hacia ese verano, mágico y natural.
Mi pelo bailaba al ritmo que bailan las hojas de los árboles... toda una
ceremonia.
Alguna pregunta podía cruzarse por mi cabeza, ¿verdad?
Nuevamente un recuerdo cristalino apabullaba mi mente.
Su imagen se tornaba más pura, como una fotografía de ocasión.
Demasiado viento para sobrevivir.
Demasiada memoria para resistir.
El sol se asoma y me sonríe, juega con mi alegría.
Se esconde. Vuelve a salir.
Se encierra...se olvida de mí.
¿Qué pasa con mi sable que ya no brilla?
Mi mente quiere anularse, quiere evadir la tristeza.
Mi boca se pierde en una vieja sensación húmeda de beso.
Mis ojos, no pueden ver más allá de mí.
Mi piel se seca...
Mi corazón enmudece.
Mi cuerpo clama por una caricia.
Independientemente… mis sueños viven gracias a tu recuerdo.
Silvia Gers, enero del '90
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